En el área rural de Mocha, Ecuador, los arquitectos de Al Borde reconvirtieron el uso de este antiguo establo heredado por su propietario que quiso transformarlo en su última morada. Sumado al estado de abandono, el establo cumplía con lo mínimo: no se caía. El bajo presupuesto y la urgencia de habitarlo son parte vital del proyecto. Como en todas sus obras, Al Borde utilizó la vieja y conocida fórmula del que no tiene más remedio: trabajar con lo que hay a la mano.

Aplicar sentido común y ”mentir de verdad” fueron los criterios usado en la intervención de esta arquitectura para animales donde no hay decoración porque ”las vacas no tienen caprichos estéticos”. Pero ”el sentido común no es tan común” dice Al Borde, que implemento un set de estrategias para hacer mucho con poco:

Por ejemplo, donde hay un problema la solución fue parchar. De este modo, si desarmar la estructura de cubierta, retocar las piezas que aún sirven, reemplazar lo que no está en buen estado y volver a armar, toma mucho tiempo, no se hace, se añaden parches a lo existente. ¿Picar la pared para pasar las instalaciones eléctricas y de agua, colocar tuberías y sellar la pared? imposible, todo queda visto. La cubierta mal-cubre e impermeabilizar todo y volver a entejar, no se puede. Donde hubo teja ahora hay una lámina asfáltica que se apoya en la subestructura original.

El mismo enfoque se aplicó en el interior obscuro. Hacer ventanas más grandes significa rehacer dinteles y desechar marcos y vidrios originales. Además el clima es frió, la casa está ubicada a 3300 metros sobre el nivel del mar. Si la cubierta resuelve calor y luz, agregar tragaluces mata dos pájaros de un tiro. Para completar los límites de las habitaciones y los vanos principales de una manera económica y rápida se usaron duelas de madera para no cargar más peso a las paredes originales. Para el equipamiento, el cliente tenía piezas sanitarias y puertas que se re-utilizaron en su nueva casa.

Sobre ”mentir de verdad” los arquitectos explican: ”Los materiales necesitan protegerse del uso y del tiempo. En un inicio, nos vimos envueltos en la figura del buen arquitecto contemporáneo; cada material es lo que es, pero no teníamos tiempo, ni dinero. El esfuerzo que representa adecuar cada material con el único objetivo de deleitar la vista y así salvar un discurso estético, convierte al proyecto más en una escenografía que en una intervención elemental de reciclaje y rehabilitación. De pronto mentir es la actitud más honesta: pintar todo.”

El color se escogió pensando en el contexto. Al Borde hizo pruebas pisando las paredes para encontrar el color que camufle mejor el uso, hicieron un estudio de la cromática del polvo y de las manchas inevitables de humedad en zonas lluviosas. El resultado: color sucio.

La pintura funciona en todo menos en el piso. En el piso debía tener otras características: a demás de sellar el material, debe resistir el uso que demanda su función. En conclusión: si era pintura, debía ser una mucho más cara; no sirve. La mejor opción: baldosas de cemento. Buen precio y resuelve todos los espacios de la casa: se ve bien cuando está limpio y se ve bien cuando está sucio.

Sobre el exterior, los arquitectos comentaron: ”Todo lo que nos preocupa en el interior, no es un problema en el exterior. Porque el polvo que se desprende de los materiales por el paso del tiempo o por el uso, afuera es irrelevante. Afuera el establo siempre fue habitable: afuera no hicimos nada.”

planta original / planta intervenida

 

+ INFO

Reconversión de un establo en Mocha
(Ladrillos, bloques y otros elementos abandonados y parches)
Arquitura: Al Borde
Arquitectos: David Barragán, Pascual Gangotena, Marialuisa Borja y Esteban Benavides
Ubicación: Mocha, Tungurahua, Ecuador
Director de proyecto: Mateo Naranjo
Constructor: Miguel Ramos
Ingeniería Estructural: Patricio Cevallos
Superficie: 113 m2
Fotografías: Francisco Suarez, Karina Barragán y