Arkraft Studio ha proyectado una casa para Vicente Rojo (1932), el pintor y escultor mexicano nacido en España que en 1949 escapó de la Guerra Civil española.

”Cuando yo llegué a México, lo que más me deslumbró fue su luz, su sol y su aire de libertad, yo tenía apenas 17 años cuando llegué y venía arrastrando toda la obscuridad y la crueldad que una guerra civil encarna, así que desde el primer momento en que pisé México me enamoró y lo sigue haciendo hasta ahora.” Vicente Rojo.

La casa, concebida como una ruina con gestos prehispánicos, está inspirada en la serie ”Negaciones” en la que muestra distintos resultados, todos naciendo de la geometría de la letra ”T”. En esta serie, cada composición niega a la anterior, de manera que se convirtió en una serie con posibilidades infinitas. Es evidente entonces que el proyecto es una continuación a la serie que comenzó Vicente, llegando a convertirse en un espacio habitable.

serie ”Negaciones”

”Encontré que en México podía crecer y vivir en libertad. Los 17 años que viví en España los recuerdo como grises y, al llegar a aquí, a esa edad, descubrí que la cuidad tenía una luz tan brillante que me dejó totalmente deslumbrado, asombrado, y esa experiencia me abrió muchos caminos.” Vicente Rojo.

Su casa se erige en un monte entre Ixtapaluca y Texcoco, al oriente del Estado de México, en un terreno verde y con manantiales. Debido a su relación con el agua, este sitio es asociado con el dios de la lluvia y tiene el nombre de ”Monte Tláloc” el cuál cuenta con un sitio arqueológico en ruinas y fue una de las montañas más sagradas en el México prehispánico. Rodeado de un hábitat tan lleno de vida y significado, la casa nace como un templo de contemplación, en la que Vicente puede refugiarse de la ciudad en este espacio de trabajo temporal para finalmente regresar a la ciudad de México rebosando de inspiración. La casa permanece entre valles, a la espera de ser habitada, siempre mirando el mismo sol y con pocos elementos arquitectónicos.

La propuesta tiene una materialidad porosa y rugosa, como muchas de las composiciones de Rojo, y destaca por sus pigmentos rojizos en tono terra cotta que la funden con las rocas y la tierra. El espacio es completamente fluido y abierto, sin interrupciones ni elementos secundarios, como una ruina congelada por el tiempo. En la parte alta, el acceso principal es una abertura que lleva a un zaguán circular y abierto, por el que se entrevén unas escaleras ascendientes en el fondo. Las escaleras culminan en una terraza que revela de golpe el paisaje al espectador, sin delimitarlo, todo, alineado al recorrido del sol y a las montañas.

La terraza se complementa con un espejo de agua, quieto, que contrasta con el sonido del agua que corre en el valle y al sonido de las hojas danzando con el viento. Junto al zaguán, hay otras escalinatas que por el contrario, descienden al taller, un grande y alto espacio que no tiene mas que una mesa monolítica en su centro. La geometría de su cielo refleja las formas del espejo de agua en la terraza y crea una sensación distinta, como un eco o una respuesta a las escaleras. Al seguir descendiendo, se llega a un dormitorio más pequeño con una conexión directa al valle.