La madre de Caspar Schols, un joven holandés sin ninguna formación en arquitectura, diseño o construcción, se acercó a su hijo para hacerle una petición que ella misma creía poco viable. Diseñar y construir, aledaño a su casa principal ubicada a las afueras de Eindhoven, un pabellón de uso flexible para cenar con amigos, alojar las representaciones teatrales de sus nietos, pintar o simplemente meditar desde el contacto con la naturaleza.

Luego de meditarlo un poco, Caspar entendió que debía construir una casa tan flexible como la ropa. El resultado final fue cosa de tiempo, la Garden House, un pabellón a dos aguas de sección constante que se extiende y contrae gracias a envolventes de madera y cristal que se deslizan en sentido longitudinal para permitir diversas formas de interacción con el entorno.

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La envolvente exterior, de madera Douglas, es la primera pieza de este ”traje arquitectónico”, la cáscara estructural o en este caso, la chaqueta que aísla del frío. Al interior de esta primera pieza esta una segunda capa, ”la camisa”, una envolvente más ligera y transparente que permite mantener el contacto con la naturaleza desde el cobijo. De este modo, usar la casa es tan fácil y rápido como cambiarse de ropa.

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