Los arquitectos españoles Arturo Blanco y Laura Martínez, de ABLM Arquitectos, utilizan superficies espejadas en un colegio casi invisible que parece desvanecerse para evitar la presencia de la masa y celebrar la presencia del suelo, ese campo abierto para extinguir toda la energía de la infancia.

El proyecto está emplazado en el área metropolitana de la ciudad de Salamanca, específicamente en el municipio de Villares de la Reina que destaca por su transformación durante las últimas décadas al acoger uno de los polígonos industriales de la ciudad. Los cambios han desfigurado en parte la escala y han transformado las condiciones materiales del paisaje.

El colegio casi invisible propone una reflexión sobre la escala domestica de este tipo de infraestructuras donde los más pequeños deben encontrar espacios que puedan atrapar y lugares con los que puedan soñar.

La planta accesible desde el exterior, es un gran zócalo de material cerámico formado por piezas verticales de siete colores fabricadas por Toni Cumella que simbolizan a la vez la singularidad y la igualdad de cada niño y cada niña, recogiendo y acotando la escala de los patios y las zonas de juego.

Las zonas superiores se revisten con un panel composite de aluminio stacbond acabado espejo. Estas superficies se desvanecen reflejando el cielo y también los arboles del perímetro haciendo que este segundo nivel construido, necesario en el programa, desaparezca como un juego mágico y la infraestructura escolar recupere escalas más domesticas.