Trabajar con preexistencias suele demandar desafíos muy particulares y esos fueron los que debieron manejar las arquitectas María Victoria Silvestre y Carmela L. Filí Tujchneider para transformar la Escuela Especial Dra. Sara Faisal Nº1429 en la ciudad de Santa Fe, Argentina, un establecimiento en el que la Asociación Femenina de Profesionales asiste en su desarrollo humano y pedagógico a niños y jóvenes con múltiples patologías y necesidades especiales desde los 3 hasta los 21 años de edad.

En el lote se fueron construyendo diferentes edificios a lo largo de muchos años. En la década de 1980 se construyó un aulario, el cual se dispuso oblicuo en el sector central del lote. Esto constituyó desde entonces un fuerte condicionante. En años más recientes, se inició la construcción de un salón de usos múltiples que quedó inconcluso.

El encargo original para el dúo argentino debía responder a una consigna simple: generar una conexión semi-cubierta entre las edificaciones existentes y el cerramiento del salón de usos múltiples con su equipamiento. Luego de un primer estudio del conjunto, quedó en evidencia que la institución no contaba con oficinas administrativas ni un ingreso adecuado en tanto accesibilidad/funcionalidad, articulación espacial entre sus espacios interiores y exteriores ni con el entorno a escala urbana.

La propuesta proyectual para estos casi 2.000 m2 de intervención fue más allá del encargo inicial y adquirió un carácter integral e integrador que se articuló mediante tres estrategias que pueden sintetizarse en: creación de cubiertas, de recorridos y aplicación de color.

Una primera operación de sustracción de volúmenes correspondientes a la masa del aulario oblicuo permitió, por una parte, generar las aperturas espaciales para articular el ingreso, nuevas aulas y sanitarios adaptados y las oficinas administrativas con vistas plenas al patio principal y, por otra, delinear el desarrollo de la galería de configuración del claustro.

De este modo, la sala de usos múltiples (SUM) cobró protagonismo en el proyecto y su cubierta se constituyó en el elemento de integración espacial principal del conjunto en sí mismo y en su relación con el entorno urbano.

La configuración del claustro se logró con la cubierta de la galería y la armonización de los desniveles de las diferentes construcciones existentes con nuevos solados que permiten recorridos fluidos y sin obstáculos y que alojan por debajo el sistema de reservorios de retardo de excedentes pluviales. Los soportes de esta galería integran las descargas pluviales en un ritmo de elementos lineales oblicuos de color, que a modo de “palotes de colores” le confieren un carácter lúdico al límite espacial del recorrido al percibirse alternativamente como trama y como plano.

El aspecto cromático surgió de la vivencia espacial de las primeras visitas a obra. El aulario, por su configuración volumétrica interna y por la manifestación plástica de su materialidad se percibía como una atmósfera espacial fría. Esta atmósfera tenía dos implicancias en tanto que dificultaba la generación de empatía positiva y, por otra parte, no se condecía con la calidez y compromiso del personal de la institución para con su labor humana y docente.

La analogía de colores cálidos aplicada a la envolvente superior del SUM, en el ritmo cromático de los ”palotes” de la galería y en las puertas de las aulas y oficinas administrativas reconfiguradas en el aulario, como tercer eje de articulación espacial, confieren una atmósfera cálida y lúdica que junto con las transparencias que operan tanto hacia el interior como hacia el exterior, dejan traslucir desde fuera hacia dentro y viceversa, el espíritu de trabajo, optimismo y de superación más allá de las dificultades de esta comunidad educativa de la ciudad de Santa Fe.