Las esculturas en porcelana del artista estadounidense Jason Briggs tienen fuertes referencias de índole sexual y fetichista, en un balance entre lo erótico y lo pornográfico, en un entorno surrealista y abstracto. De cierta forma, es un ejercicio de deseo y tentación de tocar y sentir las superficies que asemejan piel y órganos sexuales, pero cuestionando la experiencia estéril de no poder tener contacto físico con una obra de arte.

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Las piezas están creadas en porcelana calentada al rojo vivo. Luego, el proceso creativo lleva a crear y unir diferentes formas en una sola: dos o tres piezas que asemejan partes del cuerpo humano en distintos estados se unen en una sola. Durante varias semanas, Briggs trabaja sobre cada pieza, puliendo detalles usando una brocha o una pulidora. Al llegar a la forma deseada, la pieza vuelve al horno, esta vez a menor temperatura, con diferentes agregados de pintura o manchas para producir las tonalidades similares a la piel humana. Cada vello se adhiere a mano con pegamento, uno por uno. “Aunque mis objetos tienen poderosas referencias visuales, me interesan más las relacionadas al tacto” señala Briggs. “Sobre todo aquellas que me provocan el impulso de tocarlas”.

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