Con motivo de la 32ª Bienal de Arte Contemporáneo de São Paulo, la fundación Serralves encargó al estudio portugués Fala Atelier, la construcción de un pabellón de arte temporal en sus propios jardines. El encargo fue algo vago y abierto a la especulación, por eso la respuesta fue un edificio extravagante, frívolo e irreal, pensado más como una expresión artística que funcional.

A través de un repertorio polifónico, pretende ser un templo, una construcción temporal y un juguete, neoclásico y posmoderno. Así, una estructura racional encierra un volumen cúbico mientras la métrica comprensible de los elementos de madera encuentra un desajuste en las proporciones de las aberturas y en los colores aparentemente arbitrarios.

Un plinto borra la relación con el terreno inclinado, reclamando autonomía. Dos elementos redondos de mármol negro marcan los accesos mientras un rayo rojo cruza el espacio interior. En el interior, cinco sillas de descanso proporcionan un sentido incierto de la domesticidad a la construcción, de otro modo, monumental.

elevaciones, secciones y planta

El pabellón es una combinación lúdica de seriedad pragmática e ironía frívola, una composición donde cada elemento tiene su propio valor, complementándose y contradiciéndose entre sí.

Un film de Priscila Fernandes sobre la contemplación y el ocio encontró un diálogo tanto con el parque como con la ligereza de la arquitectura.