Alfombras, tapices, cortinas o el papel higiénico que ponemos en los baños producen cientos de toxinas que perjudican la calidad del aire de los interiores domésticos y con ello la sensación de confort. Por esto los diseñadores españoles Paula Currás y Álvaro Carrillo han creado el proyecto Calypsos, una serie de futuristas dispositivos que plantean un desafío a la gestión del aire interior gracias a dos conceptos pragmáticos: la jardinería tecnológica y las políticas del aire. En otras palabras, la base del proyecto toma el aire dentro de los hogares como un objeto de estudio en búsqueda de la comodidad dentro de los interiores.

Para elaborar el diseño de estos filtros bio interactivos, el primer concepto combina tecnología y jardinería para aumentar la calidad del aire de las viviendas. El conjunto de mecanismos simples, junto con las especies vegetales purificadoras de aire basadas en el informe de la NASA de 1989, ofrecen un diseño efectivo, tanto desde el punto de vista plástico como tecnológico. Por otro lado, las políticas aéreas consideran a los agentes no humanos como elementos relevantes en los planes de diseño que necesitan ser negociados. Para ello, ”Calypsos” se materializa en diferentes escalas con componentes, fácilmente personalizables a través de colores y materiales, que combinan artesanía y técnicas de prototipado.

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”Calypsos” permite al usuario reconocer la calidad del aire en su casa y muestra datos recogidos gracias a una serie de sensores de aire integrados. También ofrece una respuesta física a los cambios, a través de un letrero brillante y varios códigos que informan qué acciones tomar para mejorar la calidad del aire. De esta manera, se puede detectar la necesidad de limpiar la casa, abrir las ventanas o apagar la calefacción.

Para llegar al diseño final de los filtros, ambos diseñadores estudiaron las siguientes variables:

Búsqueda de confort: en las últimas décadas, los hogares han sido mejorados tecnológicamente por sistemas automatizados, ordenadores y electrodomésticos colocados en entornos construidos que introducen materiales como laca, barniz, adhesivo, fibras sintéticas y maderas junto a elementos decorativos incorporados en la vida cotidiana (Alfombras, cojines, peluches, computadoras, muebles) y una serie de elementos químicos necesarios para preservar este conjunto.

Su edificio está enfermo pero no lo sabe: la Organización Mundial de la Salud (OMS) es la primera en introducir el ”síndrome del edificio enfermo” (SBS). En cierto punto el progreso tecnológico y arquitectónico crea espacios más sanos, sin embargo, el aire interior se volvió tan dañino como la contaminación al aire libre. Los edificios se vuelven más herméticos, atrapan las toxinas de los materiales y acumulan objetos y dispositivos. Las consecuencias incluyen alergias, fatiga, dolor de cabeza, asma, malestar general, irritación y sequedad, nerviosismo, etc

Organismos domésticos: en 1989, la NASA llevó a cabo una investigación sobre las partículas que flotan en las casas y cómo combatirlas. Más de 350 sustancias nocivas como: benceno, formaldehído, acetonas, tolueno, etc. La solución se encontró en observar la naturaleza y darse cuenta de cómo las plantas, como seres vivos, filtran el aire y lo utilizan para su propia supervivencia. La NASA ha documentado más de 50 especies vegetales capaces de absorber toxinas y convertirlas en materiales orgánicos.

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