Luego de finalizar diseño industrial en el norte de Alemania, el diseñador de origen mexicano, Santiago Rubio, trabajó en el departamento de investigación y desarrollo de Volkswagen antes de montar su propio estudio. Esta experiencia con el diseño automotriz reforzó en Rubio el sentido del movimiento y sus creaciones tienden a tener un juego escultórico y orgánico.

Prueba de lo anterior es el mini-gabinete ”Ardid y Vino”, un bar que puede contener hasta 8 botellas y 6 vasos con un poco de espacio de sobra para utensilios de degustación de vino. El bastidor de la puerta está cubierto por un material elástico de tela que acusa la cantidad de botellas almecenadas en el interior sin tener que abrirlo para comprobarlo. Esto hace que el uso del gabinete sea más intuitivo.

Si el gabinete sólo está medio lleno, las botellas siempre se pueden reorganizar para componer diferentes formas y patrones. Esto da a la parte delantera un aspecto plástico cambiante, dependiendo de la cantidad de vino que el gabinete tenga en su interior.

Por otra parte, la superficie del gabinete imita una arrugada que contrasta con la perfección de la botella que descansa sobre ella, como si la botella hubiera sido arrastrada a través de la superficie con un movimiento de barrido.