El diseñador ruso Yaroslav Misonzhnikov fue invitado a participar en un proyecto para recuperar la artesanía tradicional de su país. Su elección fue trabajar con los bordados de encaje de Vológda e instalar el oficio en un set de accesorios para la vida cotidiana de las mujeres llamado Katerina

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En su investigación Yaroslav descubrió, en un libro de Nataliya Abushenko, un hecho interesante: que en 1883 la emperatriz rusa Mariya Fedorovna estaba equipada con un abanico plegable asombroso y hermoso hecho de encaje. Yaroslav comenzó a pensar en hacer un objeto hecho con una técnica olvidada, pero darle una nueva apariencia. Decidió entonces hacer un abanico de madera con una pantalla de bordado de encaje y acompañarlo con un espejo y un peine. Para el abanico, mediante el uso de hilos de diferentes espesores se consiguió el efecto “gradiente”, muy popular en diseño gráfico y de producto.

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”Mi colección fue llamada ”Katerina” y dedicada a mi abuelita (su nombre era Katerina Ivanovna), que vivía en Vologda. Cuando yo era pequeño, solía contarme historias sobre su casa, una gran izba rusa, y sobre su madre, que siempre diseñaba encajes.” contó Yaroslav Misonzhnikov.

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