El Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador ha seleccionado este viejo y deformado vagón de carga para integrarlo a un plan de recuperación del sistema ferroviario local que, a diferencia de otros vagones,  no lleva turistas ni carga, sino cultura y espacio público.

Para resolver el encargo del ”Vagón del Saber – Litoral”, los arquitectos de Al Borde se enfocaron en aplicar matemática básica a las funciones arquitectónicas.  Todo se resuelve bajo una lógica de mínimo común múltiplo, o mejor dicho una mínima función común: la mayor cantidad de funciones con la menor cantidad de elementos.

vagón original

Las exigencias de contar con una plaza pública, un teatro para un aforo de 60 a 80 personas y espacios de trabajo para capacitación de 20 usuarios, se resolvieron anexando al vagón, solamente, tres elementos: cubierta con varias opciones de despliegue, mobiliario retráctil y dos bodegas.

Al borde trabajó con varios diseñadores industriales, cada uno especializado en un área específica: cubierta, mobiliario y bodegas, esto permitió optimizar los procesos y los tiempos de construcción. El vagón puede convertirse en plaza, teatro u oficina con sistemas sencillos operados por los gestores.

La reactivación del ferrocarril significa un gran suceso en las comunidades que están en su ruta. Después de doce años de ausencia los asentamientos vinculados a la vía férrea no solamente recuperan una vía de comunicación y se reactivan económicamente, sino que recobran en muchos casos su vocación.

Gestores culturales se valdrán del vagón como activador de espacio público en las estaciones del litoral por las que pasará. El proyecto sirve de soporte para presentaciones musicales, teatrales, capacitación a las comunidades, festejos y más.  Esto significa que estrictamente el vagón no tiene programa arquitectónico definido. Lo que implica un desafío: que funcione para cualquier actividad que los gestores culturales programen.