”¿Cómo te gustan los huevos?” (How do you like your eggs?) es el nombre de este nuevo trabajo del diseñador alemán Basse Stittgen que reutiliza los descartes de huevos como un modo de atender el problema del desperdicio y el consumo excesivo de alimentos a nivel mundial, con una serie de objetos de mesa hechos exclusivamente a partir de huevos vencidos.

Su proyecto tiene como objetivo explorar la “materialidad extraordinaria” de los objetos comunes, como el desperdicio de alimentos. Como resultado, la función y el material se unen a medida que Stittgen convierte los huevos desechados en una serie de hueveras y platillos de bioplástico de color dorado, modelados con manchas de las cáscaras rotas.

“Anualmente, un promedio de 6,4 mil millones de gallinas ponen 1.1 billones de huevos”, dijo Stittgen. “Al mismo tiempo, se pierde o desperdicia un tercio de todos los alimentos por año, lo que incluye huevos que tienen una vida útil corta y cuya cáscara frágil no es la protección más adecuada contra el procesamiento y el transporte. Desde la domesticación hasta la industrialización, el valor de los pollos y sus huevos ha disminuido progresivamente”, continuó.

”¿Cómo te gustan los huevos?” pretende abordar este cambio de valor al generar conciencia acerca de la escala del desperdicio de huevos y, más específicamente, sobre nuestros hábitos de consumo.

“En el contexto de hoy, los plásticos tradicionales no degradables son altamente problemáticos, especialmente debido a nuestra cultura desechable. En oposición a eso, en este proyecto se utiliza un nuevo bioplástico totalmente degradable para crear una narrativa sobre el consumo y el desperdicio”, agregó Basse Stittgen.

En el proceso, Stittgen primero recolecta los huevos sobrantes de las panaderías locales antes de partirlos y separarlos en blanco, yema y cáscara. Las claras de huevo se deshidratan y se muelen hasta formar un polvo, mientras que las cáscaras se trituran en trozos pequeños. Estos dos elementos se mezclan y se colocan en un molde de aluminio, que luego se presiona con calor a 200 grados. Esto hace que la proteína albúmina que se encuentra en las claras de huevo forme polímeros bajo el calor y la presión, que forman un biopolímero a base de proteínas sin ningún plastificante adicional.

Si bien Stittgen considera que el desarrollo de materiales más sostenibles es importante para mitigar el cambio climático, también reconoce que esto no está llegando a la raíz del problema. Lo que debe abordarse, argumenta, es el comportamiento de los productores y consumidores en su consumo excesivo.

“Si la producción de, por ejemplo, ácido poliláctico (PLA) hecho de almidón de maíz se ampliara hasta el punto de que se reemplace a los plásticos basados ​​en combustibles fósiles, entonces la producción de PLA se convertiría en un gran problema ambiental en sí mismo. “, explicó el diseñador.

“Creo que lo que debe cambiar, junto con los materiales que utilizamos, es nuestro comportamiento como consumidores y productores hacia ellos”, continuó. “Es posible que no haya materiales no problemáticos hasta que los sistemas y nuestros hábitos de consumo dejen de ser problemáticos. Y esto es lo que estoy tratando de abordar con este proyecto”.

Stittgen no se propone reemplazar los plásticos comunes, sino más bien recordarnos que los recursos, especialmente los alimentos, son valiosos y deben ser “manejados con mucho cuidado”, al igual que los huevos.