El pasado Domingo 14 de abril el mundo enteró miró atónito el voraz incendio que consumió parte de la Catedral Notre-Dame, en París, Francia. Ha pasado poco tiempo desde el siniestro que afectó a una de las construcciones góticas más antiguas del mundo (1345) y el Gobierno de Francia ya está planeando un concurso de arquitectura para diseñar una aguja que reemplace a la que cayó, afectando gran parte de la nave central.

El primer ministro francés, Edouard Philippe, anunció la noticia y dijo que, ”en lugar de simplemente recrear la aguja original, queremos ver un nuevo diseño adaptado a las técnicas y los desafíos de nuestra era”. Dijo que lanzarán una convocatoria internacional. “Como suele ser el caso en la evolución del patrimonio, deberíamos dotar a Notre-Dame con una nueva aguja”, dijo a los periodistas.

Sin embargo, esta aguja no era parte original de la Catedral, que fue construida entre los siglos 12 y 13. Se cree que el primer chapitel formó parte del techo entre los siglos XIII y XVIII, pero se eliminó debido al daño del viento.

El arquitecto francés Eugène Viollet-le-Duc agregó una nueva aguja como parte de su restauración en el siglo XIX. Hecha de roble cubierto con plomo, la aguja tenía 90 metros de altura y pesaba 750 toneladas. Estaba decorada con 12 estatuas de cobre y por un gallo de cobre que contenía tres reliquias. Las 16 figuras no fueron destruidas cuando cayó la aguja, ya que habían sido transportadas por aire para su restauración unos días antes del incendio. El gallo, ligeramente aplastado, se ha recuperado entre los restos.

El presidente Emmanuel Macron prometió que la Catedral de Notre-Dame será reconstruida para ser “más hermosa que nunca”. También dijo que la restauración se haría en cinco años, aunque los expertos estiman que ese plazo se podría extender a más de 10 años.