Diseñar un entorno construido de alta calidad es un proceso creativo e innovador con efectos directos en la vida diaria de quienes lo transitan. Por lo tanto, la calidad arquitectónica debe de ser considerada como un agente de cambio. Este es uno de los ejes sobre los que pivota la Declaración con la que, el pasado sábado 4 de Mayo, se clausuró la conferencia ”Cómo alcanzar la calidad en el entorno construido” que el Consejo de Arquitectos de Europa organizó en Innsbruck (Austria) para complementar su Asamblea General, que se celebró un día antes.

La Declaración, que está suscrita por todos los ponentes de la conferencia, servirá de base al trabajo que habrá de realizar, entre 2019 y 2022, el grupo de expertos en arquitectura de alta calidad que el Consejo de la Unión Europea (UE) decidió crear en noviembre del año pasado para revertir la tendencia hacia la pérdida de calidad en el entorno construido que se ha impuesto en toda Europa.

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Una de las claves que se señalan en el documento de Innsbruck es que diseñar entornos de calidad requiere de soluciones a medida, basadas en un análisis cuidadoso del contexto y de las necesidades de los usuarios finales para optimizar los valores económicos, sociales, medioambientales y culturales de esos lugares, y se alerta contra propuestas estandarizadas y soluciones que anteponen la rentabilidad económica a corto plazo.”No garantizan resultados de calidad”, se lee en la Declaración.

La calidad en el entorno construido -continúa el documento- no es una verdad absoluta que pueda ser dada de antemano. Adquiere su significado en el contexto y es diferente en función de cada época, pero sí hay ciertos elementos que son ”esenciales” para una alta calidad arquitectónica. Entre ellos, la dimensión artística, unas condiciones de habitabilidad que garanticen entornos seguros, saludables y confortables, el respeto al medio ambiente, la accesibilidad y movilidad, la asequibilidad y la inclusión social, de forma que cualquier persona se sienta bienvenida y pueda encontrar oportunidades para participar “independientemente de su edad, género y etnia”.

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¿Cómo se evalúa y se garantiza la calidad?

Más allá de los resultados, la Declaración de Innsbruck apunta a los procesos para salvaguardar la calidad del entorno construido. Y, para ello, aboga por varios principios: el debate interdisciplinar, un enfoque integral que considere todos los posibles impactos (social, medioambiental, cultural y económico), el compromiso político para crear las condiciones necesarias para el buen funcionamiento de las ciudades y para que las comunidades gocen de una gran calidad arquitectónica, y la participación de la ciudadanía, porque -se resalta en el documento-: ”Solo poniendo a las personas en el corazón del proceso de planificación, se pueden crear entornos de calidad a largo plazo”.

Además, se declara que las políticas públicas de arquitectura, los comités asesores, los concursos de diseño arquitectónico y los premios de arquitectura son buenas prácticas para materializar estos principios y promover una arquitectura de alta calidad.

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Algunas de las características esenciales de un lugar pueden ser identificadas como portadoras de calidad porque llevan aparejados indudablemente beneficios (económicos, sociales, medioambientales y culturales) para las personas y para la sociedad. Mientras que cada uno da mayor o menor valor a esos beneficios, todos deberían ser considerados cuando se evalúe la calidad de un lugar. Las características esenciales de una alta calidad arquitectónica son:

Estéticas: la arquitectura de calidad tiene una dimensión artística. Los edificios y las ciudades deben ser hermosos y fascinantes.
De habitabilidad: sus características técnicas los hacen seguros, saludables y confortables. Integra con armonía todas las funciones y los servicios necesarios que las personas necesitan regularmente (casas, lugares de trabajo, tiendas, servicios públicos, etcétera);
Respetuosas con el medio ambiente: los espacios han de diseñarse para ser bajos en consumo de carbón, eficientes energéticamente y resilientes al cambio climático a través de su ciclo de vida;
Accesibilidad y movilidad: las ciudades han de estar bien conectadas (transporte público) y debe ser fácil desplazarse de un punto a otro (utilizando, en particular, medios de transporte como la bicicleta o ir a pie), incluidas personas con movilidad reducida. La distribución de volúmenes y espacios es sencilla, haciendo los lugares fáciles de percibir
por los usuarios.
Inclusivas: los entornos se diseñan para todos. Independientemente de su edad, género y etnia, cualquier persona debe sentirse bienvenida y tener una oportunidad para participar.
Distinción y sentido del lugar: cada ciudad es particular, está pensada para un contexto local, y tiene unas características que la distinguen y que generan una sensación de lugar concreta.
Asequible: existe una compatibilidad potente entre el diseño y planificación de los espacios y el presupuesto del cliente.
Integración en el entorno: los espacios están integrados en el entorno construido,
natural y cultural, de una forma armoniosa y coherente.

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”La calidad de un espacio es el resultado de múltiples factores que están interrelacionados. Diseñar espacios con calidad requiere soluciones a medida, basadas en un análisis cuidadoso del
contexto y de las necesidades de los usuarios finales para optimizar los valores económicos, sociales, medioambientales y culturales de esos lugares. A la inversa, soluciones estandarizadas,
aproximaciones simplistas y poner un foco excesivo en aspectos técnicos o económicos no garantizan resultados de calidad.

Diseñar un entorno construido de alta calidad es un proceso creativo e innovador cuyo resultado final tiene un impacto fundamental en la percepción de la gente, en sus funciones y en sus conductas. La calidad tiene una contribución directa en nuestra vida diaria y debería de ser considerada como un agente de cambio. La arquitectura de alta calidad puede enriquecer nuestras vidas como individuos y como sociedad de diferentes maneras.” comenta la declaración.

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