Hasta julio seguirá expuesta la muestra “Hilos de América” en el Centro Cultural Palacio La Moneda (CCPLM). La exhibición, compuesta por 380 piezas de 7 países de Latinoamérica, da cuenta de una identidad textil muy arraigada en la zona y que se mantiene a través del tiempo.

Más allá del incalculable valor y de la genialidad de las piezas, entre las que se cuentan algunos restos arqueológicos de la antigua cultura peruana de Paracas (700a.C al 200 d.C), cabe preguntarnos qué aprendizajes podemos extraer de tantos siglos de conocimientos y cómo podríamos aplicarlos en la actualidad.

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Lijillas (mantas), tejidas a telar generalmente con lana de camélidos.

Los textiles que se exhiben poseen datas y orígenes muy disímiles, pero en su mayoría son piezas de artesanos actuales que han mantenido la tradición textil de su pueblo. Estas costumbres dan cuenta del valor que tienen manifestaciones como éstas en la vida de sus usuarios, logrando que perduren en el tiempo. En Latinoamérica, incluso más que en otros lugares del mundo, el textil ha tenido una importancia vital y ha sido uno de los elementos identitarios más potentes. Las prendas dialogan con su vida diaria, con su entorno y con sus labores. Son prendas que cumplen su función, pero que a la vez son únicas y están cargadas de gran simbolismo y sentido.

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La exposición se divide en 2 áreas: “Trama” y “Urdimbre”. Estos nombres se relacionan con el cruce de planos de hilos para la elaboración de tejidos. La urdimbre son los hilos verticales que se montan fijos en el telar construyendo la estructura base, y la trama son los hilos que se entrecruzan horizontalmente para formar el tejido o tela.
En la imagen: grupo de Huipiles (blusa o blusón decorado) en el área “Trama” de la exposición.

En general, la oferta textil actual dista mucho de tener estas cualidades. Por el contrario, la función de las prendas tiende a asociarse a la temporada o a las tendencias que imperan, y su obsolescencia está programada para un momento no muy lejano a su adquisición. Es el ya conocido modelo del Fast Fashion.

Por lo mismo resulta revelador mirar hacia atrás y extraer enseñanzas que pueden funcionar y sobrevivir perfectamente en la actualidad y que se adaptan a los necesidades del usuario, a los requerimientos técnicos y tecnológicos y a la situación medioambiental del planeta.

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Muestra de trajes típicos en “Trama”

La académica e investigadora experta en textiles de la Escuela de Diseño UC, Soledad Hoces De La Guardia nos da su opinión al respecto: “Existe una notable eficiencia en la programación del diseño y en la construcción de sus piezas. Los materiales son utilizados en su 100% y no se pierde ni un pedazo de hilo en el corte, porque se monta lo justo y necesario en el telar y la pieza se saca íntegra de éste. La prenda se piensa completa desde el inicio, entendiendo el cuerpo como soporte del textil y éste se luce por el trabajo que está realizado sobre él y por sus cuidadas terminaciones, no por su materialidad. Esto último le da una dimensión diferente a la cual no estamos acostumbrados. La continuidad de las formas de sus diseños también habla de esa eficiencia, con formas que siguen siendo iguales en su base (cuadrados, círculos, rectángulos), pero que a la vez están vigentes y se reinventan.”

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Grupo de Huipiles

Por otro lado, las prendas fabricadas por estas culturas son atemporales y pueden ser utilizadas durante toda la vida, a diferencia de las nuestras, que más bien tienden a rotar y no se conservan tanto tiempo en el clóset, a menos que hayan alcanzado un nivel de significación muy alto en nosotros, el cual sobrepasa el valor de la prenda en sí. Sobre este tema, Soledad agrega: “Sería bueno volver a entender el beneficio de una prenda que te llene plenamente y que no necesitas sacar del clóset o dejar de usarla, porque es atemporal, durable y su significado trasciende las modas, los años y sigue cumpliendo su función. Esto acompañado de materiales de calidad y de buena factura, es algo absolutamente deseable en el mercado actual”.

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Las prendas que se crean son pensadas en su singularidad y a la vez como complemento de otras prendas o accesorios, tal como se ve en la imagen. Fajas, sombreros, mangas, entre otros, son parte fundamental e identitaria de los trajes.

Esta contraposición de modelos no tiene que ver con un juicio de valor o con la necesidad de decir que un sistema es mejor que otro, sino que con develar que es otra forma viable de hacer las cosas y de la cual podemos seguir aprendiendo.

A veces no está tan mal tener la posibilidad de adquirir varias prendas que luego se cambiarán por otras nuevas, pero sí es importante que nos preguntemos hasta dónde llegar con ese sistema y considerar los pro y contras de nuestras acciones como diseñadores (sistemas de producción, materias primas, generación de desechos, entre otros) y el nivel de trascendencia que logramos con nuestros productos.