El descanso y la relajación eran los objetivos principales de este encargo para el Estudio de Arquitectura argentino A4. Su ubicación privilegiada en la periferia urbana de Mendoza y su entorno natural de viñas, frutales, álamos y vistas a los Andes eran el marco de este tapiz autóctono mendocino donde se desarrollaría el emprendimiento hotelero. En un terreno de una antigua bodega de 100 m de frente y 400 de longitud,  se estructura el proyecto a partir de un sendero peatonal que conecta sus edificios en sentido este-oeste.  Esta situación fuerza al visitante a abandonar su vehículo en el acceso para ingresar al predio caminando, como una acción de olvido y separación del exterior.

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Una serie de espacios exteriores que se suceden a lo largo de este sendero van siendo descubiertos y vivenciados en una experiencia lúdica que intenta despertar en el visitante actitudes sensitivas y lo predispongan a experimentar intensamente el complejo.

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Espacio definido y elementos definidores
Los edificios a proyectar, spa y hotel, surgen de la intención casi lúdica de disponer una serie de pequeños elementos que agrupados y dispuestos estratégicamente irán conformando los las intervenciones particulares. Así, podemos pensar que en los edificios proyectados experimentamos dos tipos de espacios, el espacio que se define entre estos elementos tensionados por su posición aparentemente arbitraria y el espacio interior que en ellos mismo existe.

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Este espacio definido por el “entre” es vacío que se escurre entre los elementos, es un espacio que se contrae y se dilata buscando o rechazando luz, abriendo o cerrando visuales y que nos induce  constantemente a su recorrido y su experimentación. De esta manera el hecho de caminar por este espacio definido por los elementos de hormigón que alojan a las habitaciones, en un espacio que se diluye horizontalmente encontrando puntos de intensidad dados por el manejo de la luz y la relación con el entorno natural se convierte en un experiencia sensorial en sí misma.

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En el caso del Hotel un plano horizontal de hormigón unifica y delimita verticalmente el espacio. El piso es el único elemento que se reacciona y se ajusta a los cambios de la pendiente natural.
En el Spa-Hamam el espacio definido se encuentra totalmente aislado del exterior. A los elementos definidores del espacio que se ubican con la intención de crear un recorrido de baños, vapores y masajes, se le agrega un muro perimetral que lo encierra, lo priva de su relación visual con el exterior y lo convierte en un espacio que surge a partir de la luz.

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Así pequeñas aberturas en muros y techos crean contraluces, detalles, ritmos que cualifican los espacios y motivan los sentidos. Mientras que el hotel aborda una relación más contemplativa y experimental con el contexto natural que lo rodea, el Spa establece una estricta introversión. El hecho de subir medio nivel para acceder al hotel por una rampa abierta entre el espacio verde se contrapone en el spa al hecho de bajar medio nivel por una rampa que se encierra entre muros de cañas que anteceden a un espacio intermedio semienterrado, previo al acceso del edificio en una clara intención de desaceleración y cobijo.

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La fluidez de los espacios públicos del hotel con el exterior articula una clara relación con sus espacios de esparcimiento, por el contrario en el spa los muros de caña surgidos a partir de secaderos de cultivos, crean un manto de opacidad, sombras y sonido que rodean el Spa y lo atrapan en un recinto de privacidad y silencio.

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La impronta y personalidad del hormigón a la vista otorga el matiz tectónico buscado para estos espacios. Donde la luz articula, la sensibilidad  de colores y texturas aportadas desde un hormigón fraguado en encofrados de madera de pino de 4 cm de ancho, construye el marco de expresividad y personalidad de los espacios.

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