Cuando a la diseñadora Shaina Garfield la diagnosticaron con la enfermedad de Lyme, una infección bacteriana que se disemina a través de la picadura de uno de varios tipos de garrapatas, estaba tan enferma que creyó estar próxima a la muerte.

Pero Shaina no murió, por el contrario creó una nueva relación con la muerte diseñando un ataúd llamado ”Leaves” hecho con materiales biodegradables, una cuerda que tiene un tinte incrustado con esporas. Una vez que el cuerpo está enterrado, los hongos crecen para acelerar la descomposición. Lo más importante es que el hongo se come la gran cantidad de toxinas en nuestros cuerpos para que solo los nutrientes entren en el suelo. Luego se planta un árbol sobre el sitio de entierro, convirtiéndose en un faro para una nueva vida.

”Las hojas nos permiten reconocer la transformación de la muerte a una nueva vida. Mirando hacia atrás, me di cuenta de cómo esos momentos me transformaron profundamente. A través de mi proceso de curación, me conecté con la naturaleza y me rendí frente al poder de la tierra para curarme. Lo que quería era recrear esta hermosa relación con la tierra para otras personas.”, contó Shaina Garfield.

“En los Estados Unidos, agotamos inmensas cantidades de recursos para hacer nuestros ataúdes, emitimos toxinas al aire durante la cremación y contaminamos nuestra agua durante el embalsamamiento y el proceso químico utilizado para limpiar nuestros cuerpos después de la muerte”, agregó.