Para la diseñadora holandesa Matilde Boelhouwer, la relación entre las flores e insectos es una de las conexiones más fascinantes que se encuentran en la naturaleza.

”Las flores evolucionaron para servir a los insectos y los insectos evolucionaron para servir a las flores simultáneamente. Hoy en día, sin embargo, con todos nosotros viviendo en junglas urbanas hechas de concreto y piedra, la presencia de flores se ha convertido en algo menos natural en nuestros paisajes urbanos. Esta falta de floración ha dado lugar a una drástica disminución de la población de insectos.” asegura Matilde Boelhouwer. 

Hacer que los ambientes urbanos vuelvan a florecer, estimulará nuestra tan importante población de insectos y los ayudará a florecer nuevamente a ellos también. Pero, ¿cómo se puede hacer una flor de base de hormigón? ¿Cómo le dices a una abeja que puede comer algo a lo que no está acostumbrada?

Para responder a estas preguntas, Matilde Boelhouwer desarrolló ”Insectology: Food for Buzz”, una serie de flores artificiales que convierten la lluvia en agua azucarada, para que sirvan como fuente de alimentos de emergencia para los “5 grandes polinizadores”: abejas, abejorros, moscas, mariposas y polillas.

El proyecto, hizo que Boelhouwer utilizara poliéster con serigrafía para crear cinco flores artificiales, cada una con cualidades específicas que atraen a los “cinco grandes de la polinización”.

Las flores hechas por el hombre están diseñadas para actuar como fuentes de alimentos de emergencia para estos insectos, todos los cuales viven en entornos urbanos, donde las flores y las áreas sembradas son a menudo escasas.

Junto con los ingenieros y los científicos, estas 5 coloridas flores hechas por el hombre se han desarrollado para ser autosuficientes y producir continuamente objetos naturales que forman las atracciones más importantes para los 5 grandes. Ajustados a la longitud de sus lenguas, ojos facetados y formas específicas, estas flores pretenden apoderarse de todos los espacios vacíos no utilizados y, por lo tanto, devolver el zumbido y el revoloteo de esas pequeñas criaturas que nunca podemos perdernos en nuestro paisaje urbano.