Qué sucede con la belleza de una flor recién florecida o la de un perfecto, pulido y tratado trozo de madera después de un tiempo? Y es que con el tiempo y al igual que con las personas, la belleza natural de un objeto de va desvaneciendo. La flor se marchita y la madera se desgasta, se hace astillosa. Esta transición del estado de un conjunto de asociaciones estéticas y simbólicas a otro es lo que motivo al artista japonés Norihiko Terayama de Studio Note a desarrollar su serie de esculturas Crust of the Polygon o ”Cortezas de Polígono”.

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En la serie el artista japonés utiliza troncos secos y ramas con flores para, literalmente, confinarlas en un delicado exoesqueleto poligonal que por contraste resalta la belleza persistente del objeto, supuestamente, ”moribundo”.

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Una vez que la madera y las flores han completado sus funciones estereotípicas y se han secado o convertido en madera vieja, esta ”piel exterior” instalan las formas naturales en contextos de exactitud matemática, de puntos y secuencias. Esta nueva capa -o “corteza artificial”- ofrece una nueva perspectiva sobre la idea de belleza, cambiando y recontextualizando su forma natural en una iteración nueva y contemporánea.

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