El Panteón Familiar proyectado por Ramón Esteve al interior de un cementerio de Valencia se plantea como un lugar a través del cual evocar el recuerdo de diferentes generaciones. El espacio se define por una estructura escultural formada por dos brazos que convergen en un punto, generando una envolvente que configura un recinto abierto pero definido por la tensión que se genera entre el lleno y el vacío.

El diseño optó por la sobriedad como hilo conductor para que la simplicidad de las formas transmitiera la máxima expresividad, donde las juntas de los grandes paños de acero corten configuran el símbolo de la cruz. El sepulcro, formado por columnarios y nichos, se ubica bajo tierra con el fin de generar amplitud y liberar la planta.

El óxido del acero corten genera una cristalización que simboliza la eternidad y el paso del tiempo, complementado por una gran pieza de granito que actúa como lápida de apertura por donde se accede al sepulcro.