Con un presupuesto reducido y con la exigencia de no modificar su carácter en el exterior, esta casa en hilera reformada por la arquitecta española Pia Mendaro logra reunir un espacio de trabajo, un taller, un espacio de exposición y una vivienda en una superficie de 67 metros cuadrados. Levantada en Madrid, en los años 20, esta vivienda en hilera fue catalogada inicialmente como ”de pobreza reconocida”, sin embargo hoy, gracias a un uso eficiente de los recursos y a la aplicación correcta de un lenguaje contemporáneo, luce como un espacio de uso flexible bien calculado.

El objetivo fue montar un espacio de residencia para artistas y una vivienda para un autónomo multitasker. Por esto, el proyecto necesitaba un espacio versátil donde poder trabajar con herramientas duras (soldadores, radiales, polvo, pintura) y a su vez ser capaz de transformarse en pocas horas para convertirse en espacio público de exposición u oficina donde recibir clientes.

Dada la planta reducida (6×7 metros), se decide dejar libre el mayor número de metros cúbicos posibles dedicados a este fin. Para ello, se condensa y esconde el resto del programa tras un muro blanco con aperturas que sirven al espacio libre público.

En planta baja hay un gran almacén con una puerta de 3 metros de alto (para poder guardar casi cualquier cosa y esconder el desorden) que se cierra automáticamente mediante pesos y poleas, una puerta a un aseo, tres pequeñas aperturas para un proyector, almacenamiento y vistas, y una puerta (algo elevada) que da paso a la zona privada del proyecto. Esta parte consiste en unas escaleras/cajoneras que suben a la ”vivienda del autónomo” /artista residente. En ese nivel superior hay una ducha que es un cajón de hierro con una ventana de barco, y una pasarela; dormitorio que vuela sobre el espacio protagonista.

Bajo la pasarela, unas poleas dan servicio al espacio de trabajo y exposición: de ellas puede colgar una mesa de 4,8 metros donde trabajar y exponer, o cualquier otro objeto pesado (un columpio, por ejemplo).

La cocina está camuflada en el cobertizo del jardín trasero. Es un espacio poco acondicionado, con una larga barra para dar aperitivos (fuegos y fregadero escondidos en los extremos). El cerramiento se abate abriéndose por completo al espacio exterior. Actualmente este es el lugar de Barbecho, un espacio que rota entre talleres y residencias dedicado al diseño y producción de objetos útiles.