El estudio del arquitecto español, Román Izquierdo Bouldstridge, ha creado un paisaje de troncos artificiales que funcionan como soporte de exhibición en la conversión de una ex-sede bancaria en una floristería para la startup Colvin, ubicada en el distrito del Eixample de Barcelona. La inspiración para el diseño de la Floristería Colvin fue reinterpretar un campo de flores con caminos a la sombra de los árboles; creando una nueva atmósfera donde lo natural y lo artificial se fusionan.

La primera intervención fue revelar el potencial formal y material del espacio existente mediante la recuperación de sus altos techos y paredes de ladrillo. Se retiró el falso techo para mostrar las vigas de madera y se eliminó la capa de yeso de las paredes para descubrir el ladrillo. Para proporcionar una protección estructural a prueba de fuego, se proyectó una nueva capa de mortero resistente al fuego, homogeneizando el techo y las vigas de refuerzo estructural con una misma textura rugosa.

Finalmente, el nuevo pavimento continuo, las paredes existentes y el techo fueron pintados de blanco; focalizando la mirada en el espacio contenido, en lugar del contenedor en sí. Esta abstracción material de los límites da lugar a una nueva percepción de la luz y la impermanencia material.

El programa de floristería consiste en un área de exhibición donde los clientes eligen el ramo, un taller semiabierto donde los floristas crean la composición de flores para entregar y áreas privadas como el almacén, la cámara frigorífica, la oficina y el baño. La relación espacial flexible entre estos espacios se resuelve mediante sistemas de puertas correderas que varían según el grado de privacidad requerido.

La combinación de puertas de vidrio fijas y móviles con marcos de madera, junto con las puertas correderas de roble, permite a los usuarios separar visual o acústicamente las actividades desde la calle hasta las habitaciones privadas.

La segunda intervención fue crear una nueva forma de paisaje que incentive a las personas a explorar las flores en una topografía natural. Un nuevo escenario sensorial se fusiona con las antiguas formas construidas, estimulando a sentir la naturaleza con la vista, olfato y tacto. De esta forma, la naturaleza abstracta, entendida como el espacio artificial lleno de luz, resalta la presencia de la naturaleza viva y concreta.

La percepción de un espacio de gran altura se ve enfatizada por la verticalidad de los troncos de los árboles, o su analogía artificial, la escultórica columna de hierro fundido. Al mismo tiempo, dos grandes espejos duplican visualmente el espacio, ofreciendo a los clientes la experiencia de verse a ellos mismos reflejados en un campo de flores dentro de la ciudad.

Un innovador sistema flexible formado por una serie de volúmenes de prismas de madera satisface las necesidades funcionales del área de exhibición. Estos troncos hechos a medida tienen diámetros y alturas diferentes, mostrando los coloridos ramos en singulares bases que elevan las flores a la altura de los ojos. Siguiendo el mismo concepto estético, los prismas de madera también dan forma a una mesa de té para la zona de espera, una caja registradora y las macetas de los árboles; logrando generar diferentes funciones con el mismo elemento simple repetido.

Estos elementos, aparentemente colocados al azar, llenan completamente el espacio de una manera orgánica y dinámica; al mismo tiempo que originan las áreas de circulación. El objetivo del proyecto es invitar a cada persona a encontrar su propia manera de perderse e interactuar con las flores, ofreciendo una experiencia de compra en un nuevo ambiente natural.

sección longitudinal

planta general