Baja, con un amplio asiento revestido de lana y un amplio respaldo hecho trenzando la hoja de un junco nativo de Uruguay llamado totora, la silla Tutura de Carolina Palombo es una combinación perfecta de audaz forma, técnica artesanal y empresa social.

La pieza fue diseñada para la muestra Hilos Invisibles, que se desarrolla al interior de The Aram Gallery en el marco del London Design Festival 2018 y exhibe el trabajo de siete estudios de diseño uruguayos inspirados en el legado del arquitecto uruguayo Julio Vilamajó Echaniz. Todo orquestado por el diseñador Matteo Fogale

Silla Tutura en The Aram Gallery, Londres

Carolina se inspiró en el hostal y restaurante Ventorillo de la Buena Vista (foto de abajo), que diseñó en 1945 en la ladera de las montañas de Villa Serrana. El edificio estaba hecho completamente de materiales locales como piedras, paja y madera con grandes ventanales. “Parece que la naturaleza entra al edificio”, dice Carolina. Las ventanas grandes que se inclinan hacia adelante en la parte delantera del edificio permiten disfrutar del paisaje como si estuviera dentro de las instalaciones. Con la silla Tutura, los materiales tradicionales y locales entran en la casa con elegancia, simplicidad y comodidad.

Ventorillo de la Buena Vista por Julio Vilamajó Echaniz, Uruguay

Inspirada en el uso de materiales locales de Vilamajó, la silla está hecha de madera peterebi de Uruguay, totora teñida y trenzada, una hoja nativa del país (el nombre de la silla Tutura es la palabra para la hoja de totora en quechua, el idioma del imperio inca), y presenta un asiento cubierto con una lana tejida a mano, también tejida por tejedores locales de Manos del Uruguay, un colectivo que apoya a mujeres de áreas rurales en Uruguay.

”La silla fue diseñada para que dos personas puedan sentarse en ella. La parte posterior alude a la rusticidad de los materiales nativos pero con un toque diferente “, dice Carolina.

Detalle Silla Tutura

La parte posterior de la totora tejida fue realizada en colaboración con la artista uruguaya Graciella Miller de Pan de Azúcar, Maldonado. El desafío era hacerlo resistente, duradero y, sin embargo, muy atractivo. “Graciella hizo tres tipos diferentes de prototipos de tricotado”, explica Carolina. ”Junto con Matteo elegimos el que más se ajustaba al espíritu de la silla. Queríamos algo singular, pero resistente y atractivo. La idea de colorear la totora hizo posible traer algo tradicional y nativo a la era moderna, que coincidiría con la tapicería del asiento”.

Selección de juncos

Encontrar la totora más adecuada para tejer era uno de los mayores desafíos de Graciella. Una vez encontrado, fue teñido en una olla enorme calentada al aire libre antes de que se convirtiera en hilos con un telar de tapiz, y se unió cuando estaba mojado para hacer que la forma fuera especialmente apretada. Al respecto, Graciella dice:

”El tejido de punto que elegí es muy común en las disciplinas textiles pero acá la hago usando una técnica de cestería. Me recuerda el tejido de mi madre. Ella solía hacerlo con agujas o con una máquina. Aquí también se usa como parte de una silla de montar, y se llama Jerga. Disfruté cada etapa del proceso, el trabajo físico, la dedicación mental para resolver todos los problemas que aparecieron”.

Graciella Miller

El asiento de Tutura ha sido tejido por el colectivo Manos del Uruguay, que brinda oportunidades de empleo a mujeres rurales que viven en Uruguay. El colectivo les proporciona trabajo, materiales y las herramientas para hacer.

“La idea es proporcionar a las mujeres todas las cosas necesarias para que solo tengan que tejer sin preocuparse por nada”, dice Ana de Prado de Manos del Uruguay. ”Nuestros artesanos también organizan sus horarios y tienen la flexibilidad para poder asistir a su trabajo y a su familia al mismo tiempo.”

Proceso de teñido

La lana uruguaya es conocida por su calidad, y Manos del Uruguay probó diferentes alternativas con materiales locales y diferentes colores hasta que llegó a la tela y la textura perfectas. “Fue genial colaborar con los diseñadores industriales Carolina y Matteo para producir un tejido que se adaptara al asiento de la silla, y al mismo tiempo que estuviera lo más cerca posible de la idea que tenían en sus mentes”, agregó Ana de Prado.

Artesanas colectivo Manos del Uruguay